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Testimonio en Cuba

  • 24 feb
  • 18 Min. de lectura

Aventuras de fe en Cuba

Corría el año de 1988, vivíamos en Bogotá, Colombia, y una mañana, mi esposa me contó un sueño y me dijo que caminábamos por una calle, y Fidel Castro nos apareció por el camino, y nos dimos cuenta que estábamos en la Habana, Cuba. Pues bien en aquella época, Cuba no estaba abierta al turismo, y pues bien solo nos pareció un sueño interesante. Luego de la caída de la Unión Soviética en el año 1991, Cuba entró en una época tan difícil económicamente que el régimen se vio obligado a abrir las puertas al turismo, ya que literalmente estaban a punto de morir de hambre.

Nosotros nos mudamos a Venezuela, y ya en el año 1996, yo llegué en mi automóvil a Caracas, y en una gran valla en la avenida principal decía “Bienvenido a la Habana”, yo literalmente sentí que escuché la voz del Señor que me decía“Bienvenido a la Habana”. De regreso a casa le conté a mi esposa del letrero, y ambos recordamos el sueño que ella había tenido, y entendimos que el Señor nos estaba inspirando a ir a la Habana.

Teníamos un pequeño álbum, con fotografías del trabajo social que estábamos llevando a cabo en Caracas, de visitar los barrios pobres, distribuir alimentos a familias necesitadas, dar orientación a aquellos que pedían guía y concejo. También mostrábamos parte de nuestras presentaciones musicales en los barrios, etc. tratando de enfatizar la parte social de nuestro trabajo, que en realidad era un frente para hacer lo que verdaderamente hacíamos, que era ganar almas para el Reino y ayudar a todos aquellos que eran receptivos al mensaje del Evangelio, para que vivieran una vida en comunión con Dios. Claro esa parte de la Evangelización no lo decíamos en el folleto, ya que sabíamos que el régimen Cubano, no querría tenernos allá si íbamos como un grupo Cristiano. Lo que pensamos es que como la necesidad del pueblo Cubano era tan grande debido a la posición económica en que se encontraban, entonces era muy probable que nos permitieran ir a la Isla.

Así que esa misma semana visité el Consulado Cubano, donde me trataron muy bien, me escucharon atentamente y recibieron mi documentación y me dijeron que esa misma semana enviarían mis documentos a la Habana y que podía regresar la semana siguiente a ver que respuesta nos daba el gobierno Cubano.

Una semana después regresé al consulado, donde me recibieron muy bien, y me pidieron que regresara la próxima semana, porque todavía no tenían, respuesta. Durante los próximos seis meses, visité el consulado, donde siempre me dieron la misma respuesta. Así que pensé: ¿Qué si voy como turista y veo la situación más de cerca? Así que compré nuestros pasajes y nos fuimos a la Habana Cuba, mi hija Ana, la mayor la cual ya tenía 19 años y ella tenía experiencia ganando almas también.

En el consulado me dieron una visa de turista de 20 días, así que nuestro pasaje de regreso quedo reservado para el día en que terminaba nuestra visa.

Llegamos a la Habana al rededor de las 7 pm. Nos quedamos en un hotel que reservamos al llegar al aeropuerto, que nos cobraba $75 dólares la noche. El hotel más deteriorado que yo había visto. Y la comida, difícil de comer.

Al día siguiente comenzamos a caminar por las calles, para conocer la ciudad. Me daba la impresión de estar caminando por una ciudad que acababa de salir de una guerra, las calles deterioradas, pero la gente muy dulce, simpática y muy receptiva. Al tercer día de esas caminadas se me acercó un señor, llamado Pedro, el cual después de un par de horas, nos convenció de visitar su casa. Él era médico traumatólogo cirujano, y había sido parte del ejercito que acompañó a Fidel en la conquista de Cuba, y luego el régimen lo puso a estudiar medicina, y luego comenzó a trabajar en el Hospital de la Habana. Nos enteramos de que los sueldos para la gran mayoría era de solo $5 dólares, al mes, pero como él era médico, tenía el salario más alto de la isla, el cual era de $25 dólares, al mes. Pues una vez en su casa, la cual era muy modesta con una sola habitación, cocina, comedor y sala en solo salón pequeño, y él nos invitó a quedarnos, con él. Yo le dije: Pedro, pero solo hay una habitación, donde van a dormir tu esposa y tú? El me mostró una especie de tablón que quedaba sobre su habitación donde el tenía una cama extra, y me dijo pues allí. Yo consulté con Ana, oramos y le pedimos al Señor su guía, y terminamos por aceptar su invitación, pues ya habíamos pagado $225 dólares en el hotel, y Pedro no nos pedía ni un solo dólar. Así que nos mudamos a su casa. Pues notamos que en su casa no habían las cosas básicas, como papel higiénico, jabón de ningún tipo, ni pasta de dientes, ni comida en la cocina, el agua que había en la casa estaba en todo tipo de contenedores y había que usarla con cuidado, para que pudiera durar, ya que el agua venía por par de horas todos los días y a esas horas se rellenaban todos los contenedores posibles. Al día siguiente también notamos que no había nada que comer. Al rededor de las 10 de la mañana una mano entró por una de las ventanas que daba a la calle y lanzaron dos panes, que era la cuota diaria de pan. Pues Pedro y su esposa nos contaron que los cubanos solo pueden comprar alimentos en una tienda que queda en la misma cuadra de la casa, o la más cercana a la que están asignados, y que tenían una cuota de alimentos que podían comprar esta cantidades por cada adulto: tres kilogramos de pollo por mes, 3 kilogramos de carne de cochino, pues la carne de res solo se vende en lugares exclusivos para turistas, 7 huevos por adulto al mes, una lata de un litro de aceite al mes, varios kilogramos de arroz, pasta, un jabón por adulto, varias cajas de cigarrillos, fósforos, varios kilogramos de azúcar blanca, etc. … bueno, pregunté: Pedro ¿hay algún supermercado donde los turistas podamos hacer compras? Pedro me dijo: pues sí les gustaría ir hasta allá; yo dije, claro vamos. Así que salimos inmediatamente y nos enteramos como funcionaba el transporte. Fuimos donde la parada del autobús, y nos pusimos en una línea de gente que esperaba el bus, el cual llegó una hora después, y que era llamado el camello, el cual era un camión que había sido transformado en transporte público y el cual tenía una especie de lomo, y esa era la razón por la que era llamado el camello. Pues como estábamos en verano, estábamos sudando, y el “camello” llegó bastante lleno. Dentro vimos que solo había dos filas de unos siete asientos al lado de las ventanas, y todos los pasajeros tenían que viajar de pie, pues el bus estaba totalmente lleno, y estábamos todos de pie todos pegados unos a los otros y compartiendo todos los sudores de todos. Aleluya. Pues bien el supermercado era solo para turistas y los cubanos tenían prohibida la entrada, pero Pedro pudo entrar con nosotros, pues él era nuestro guía.

No voy a entrar en detalles sobre como era el supermercado para no alargar la historia, pero allí hicimos una compra de un poco más de $120 dólares, pero compramos las cosas que normalmente una familia media clase compra en casi cualquier país del hemisferio occidental, carne de res, pollo, mantequilla, azúcar moscabado, café de verdad, ya que el café que consumen los cubanos, es una mezcla de mitad café, con mitad de lenteja torrada, ya que sale más barato para el Estado, de que proveer café puro, y los cubanos ya están acostumbrados, leche la cual también es solo para turistas, ya que el Estado, solo provee un vaso de leche gratis, a cada niño hasta los 7 años. Pues también productos de limpieza para la casa, así como jabones, champú, papel higiénico, pasta de dientes, cloro desinfectantes, etc. Pues bien tanto Pedro como su esposa estaban sumamente agradecidos y María, que así se llamaba la señora se ofreció a cocinar para nosotros. María nos contó que ella tenía tres meses de haberse convertido a los Testigos de Jehová, y nos mostró la Biblia que le habían regalado y que tenía en la casa. Pedro nos dijo que él respetaba el deseo de María de unirse a los TdJ, pero el no era creyente y que menos creía en los TdJ. Así que esa tarde me senté con ella y la ayude a leer de su Biblia, para que viese lo que la Biblia afirma de como Jesús no solo es el único camino al Cielo, sino que como Hijo Unigénito de Dios también está íntimamente unido al Padre, como Dios, y que el Espíritu Santo de Dios también es Dios, es el guía de la Iglesia en este mundo y habita en el ser de todos los creyentes en Cristo, y también que bajo el Nuevo Pacto que Jesús instituyó, nosotros los creyentes en Cristo ahora somos Hijos del Altísimo, y tenemos el privilegio de presentarnos delante del Dios Santísimo, como Hijos siendo nuestro único mediador Cristo Jesús y que nuestra salvación es únicamente a través de la fe en Cristo y no por nuestra buenas obras. María quedó muy inspirada con lo que había aprendido, y esa noche fue a su reunión en el salón de los TDJ, y al día siguiente, al atardecer, se aparecieron, dos de los diáconos de la Iglesia para confrontar a este señor (yo) que estaba enseñándole “doctrinas extrañas” a su oveja. Nos sentamos juntos en la sala de la casa de Pedro, y tuve la oportunidad de mostrarles a estos “ancianos de la congregación” respondiendo a todas sus preguntas con citas bíblicas, y tratando de ayudarles a ver que su “doctrina” no tiene sustento en las Escrituras.

Así que me dijeron que el Anciano Principal de la Congregación me pidió una reunión con él y otros de sus ancianos y diáconos, para el día sábado por la tarde, para lo que faltaban solo dos días, y yo les confirmé mi deseo de escucharles y compartir con ellos. Así que ese sábado, nos reunimos, eran 6 de los líderes de la iglesia de los Testigos de Jehová, María, Ana y yo. Así que con el mayor cariño del mundo, tuve la oportunidad de explicar con muchos más detalles los puntos que había compartido con María, indicándoles como incluso en su “traducción bíblica” de los Testigos de Jehová, no podían rebatir los puntos que había compartido con María, al final los invité a que hiciéramos una oración juntos, pero me explicaron que los Testigos de Jehová no está autorizados a orar con miembros de ningún otro grupo religioso. Así que al final se levantaron, se despidieron muy cordialmente, pero esa fue la última vez que los vi. Me pregunto que hicieron después de nuestra reunión, pero eso lo sabré cuando esté en el Cielo.

Los primeros días en casa de Pedro, él nos llevo donde se encuentra situado el “Comité de la Revolución”, con el despacho para “Organizaciones Religiosas y sin fines de lucro”. Allí nos atendió el secretario del presidente de ese despacho, él nos hizo saber que había visto y leído la documentación que habíamos enviado pidiendo el permiso del Régimen para establecer nuestro centro en Cuba, y nos dijo fríamente: Ustedes deben saber que aquí en Cuba, el Estado es ateo, nosotros no creemos en Dios, y no nos hace falta para nada, además el Estado se encarga de el bienestar de todos los Cubanos, especialmente de los niños, los cuales tienen un vaso de leche gratis provisto por el Estado, hasta la edad de 7 años, además de proveer la mejor educación para la población, de modo que el porcentaje de analfabetos en Cuba está por debajo del 5% de la población, de manera que salta a la vista que el tipo de obra social que ustedes llevan a Cabo en otros países, aquí no nos hace falta, y esperamos que ustedes tengan la capacidad de comprender nuestra posición, de manera que nuestra respuesta es claramente: ¡No! Yo pensé, pues bien, parece que usted no ha salido por las calles de Cuba a ver la desesperación del pueblo Cubano. Y es obvió que como han tratado de echar a Dios fuera de la isla, no es de extrañar la pobreza, no solo material, sino también espiritual a la que han llegado. Sin embargo los cultos a demonios y la brujería gozan de total libertad en la isla. Así que salimos del edificio y empezamos a caminar por las calles de la Habana, cuando de pronto vi un templo que decía Templo de “La Iglesia del Ejercito de Salvación”…

Así que entramos en el templo del Ejercito de Salvación y el pastor estaba casi terminando el culto. Así que Ana, Pedro y yo nos sentamos en uno de los bancos y esperamos hasta el final del culto. Una vez que los miembros de la congregación se habían marchado, me acerque al pastor, y él y yo tuvimos una pequeña conversación. Yo le enseñe fotos de nuestro trabajo en Venezuela, y él me preguntó si podíamos tener una cita él y yo a solas, el miércoles siguiente, y nos pusimos de acuerdo en que él pasaría a buscarme en casa de Pedro, ya que yo le dí la dirección, y así fue. Ese miércoles él vino a buscarme puntualmente. Entré en su carro, un “Lada” un carro ruso, y después que él dio varias vueltas por la Habana, manejo hasta una playa algo alejada de la ciudad. Estacionó el vehículo y caminamos por lo menos medio kilómetro por la playa lejos del vehículo, y una vez allí se volteo, me miró a la cara y me dijo… Okay… Ahora podemos hablar. Lo primero que me dijo fue que la única razón por la que me invitó a salir con él fue que cuando vio las fotos de mi familia, y de mis hijos, pensó, este hombre no parece un agente del estado, quiero saber ¿qué es lo que está haciendo aquí en Cuba? Le conté de mi trabajo de evangelización en otros países, y de que era lo que me habían dicho en “Comité Central de la Revolución” y que me habían negado el permiso de venir a Cuba.

El pastor me explicó con detalles como el régimen trata a las Iglesias Cristianas. Básicamente el régimen cerró todas las iglesias después que Fidel tomó el poder en Cuba, incluyendo la iglesia Católica. Los misioneros extranjeros fueron deportados, y a los sacerdotes y pastores de otras iglesias se les prohibió predicar, o evangelizar. Los templos fueron todos cerrados, y las iglesias Católicas que eran grandes, fueron convertidas en “Museos de la Revolución”, ya que el régimen declaro a Cuba como nación “atea”, sin embargo las religiones africanas como la santería, y otras parecidas se les permitió operar libremente. Luego del caos económico en Cuba después de la caída de la Unión Soviética, al final de los años ochenta, Cuba se vio obligada a abrirse al turismo, para no morir de hambre. Así que eso forzó al régimen a permitir la apertura de las iglesias nuevamente, y de esta manera todos los turistas Cristianos, tendrían al oportunidad de visitar una iglesia si así lo deseaban. Pero solo se permitió la apertura a denominaciones Cristianas que hubieran sido registradas en el sistema, antes del año 1959. Nos contó que todas las iglesias son vigiladas muy de cerca, y que nunca se sabe quien de los asistentes a un culto son espías del régimen. Cualquier sacerdote, o pastor que hable mal de Fidel Castro, o del régimen, o del comunismo, pierde inmediatamente le permiso para hablar en público, o sea dentro de su Iglesia. También está prohibida totalmente la distribución de literatura religiosa, en las calles o dentro de las iglesias. Y claro está que hay libertad para poseer una Biblia, aunque no se encuentran en las calles, ni en las iglesias tampoco. Supimos que cuando llegan las Biblias al aeropuerto de la Habana, hay un grupo de soldados encargados de recoger las Biblias y quemarlas antes que salgan del aeropuerto. Casualmente, uno de los miembros de la iglesia era parte de esos encargados de quemar Biblias, y cuando llegaban los cargamentos de Biblia, él se las arreglaba para esconder por lo menos una o dos cajas de Biblias, y después se las vendía al pastor. También todos los sacerdotes y pastores de iglesias eran constantemente vigilados y un buen número de ellos recibieron persecución o fueron a prisión por hablar más de la cuenta. Y esa fue la razón por que me llevó lejos de todo, porque temía que pudiéramos estar siendo vigilados. Me dio su teléfono, y me pidió que fuera muy cuidadoso con Pedro, pues me dijo que el temía que Pedro pudiera ser un informante espía del régimen.

De allí en adelante comprendí por que la gente tenía miedo de acercarse-me cuando Pedro andaba conmigo, así que de allí en adelante andaba siempre buscando excusas para pedirle a Pedro que me dejara salir solo. Así que pues, esas dos semanas las usamos para hablar con las personas que encontrábamos en el camino, y me di el lujo de distribuir 40 pequeños folletos del Evangelio, que me traje contrabandeados, entre aquellos que eran receptivos. Como nuestros pasajes de regreso estaban sellados con la reservación para el día de partida de la Habana, pues nos levantamos muy temprano para ir al aeropuerto que estaba a unos cuarenta minutos de donde estábamos, y tomamos un taxi el cual nos llevó hasta al aeropuerto, pero antes de salir de casa de Pedro pensé: tengo el dinero para el taxi, 60 dólares para el impuesto de salida, 30 por cada uno de nosotros, y me quedaban unos 250 dólares en la cartera, y pensé, aunque hemos comprado todas las necesidades para el hogar de Pedro, le dí todo esos dólares a Pedro, y oramos por su hogar antes de salir.

Así que nos íbamos inspirados al aeropuerto ya que nos habíamos sentido vigilados todo el tiempo, y queríamos dejar ese sentimiento atrás, y llegamos aeropuerto dos horas antes de la salida del vuelo, y nos encontramos con una fila de pasajeros y nosotros estábamos de últimos. Pues para nuestra sorpresa, al llegar al mostrador y entregar nuestros pasajes para tomar el avión, el encargado me dijo, lo sentimos mucho pero el avión ya está lleno, y ustedes no podrán viajar hoy. Yo reclamé y le expliqué que nuestras reservaciones habían sido hechas con anterioridad y que teníamos el derecho de viajar, que no entendía como pudieron dar nuestros asientos a alguien más estando nosotros con pasajes reservados. Pues el encargado me explicó, aquí en Cuba aunque usted tenga su reservación hecha, usted tiene el deber de confirmar que va a tomar el avión el día anterior, y como usted no lo hizo, hoy no podrá viajar. Entonces le dije: Okay, entonces, tomaremos el próximo avión a Caracas, y me dijo, muy bien le voy a reservar sus pasajes nuevamente, pero sepa que tiene que confirmar que tomará el vuelo el día anterior, para que no vuelva a perder su vuelo. Entonces le pregunté: ¿Cuándo sale el próximo avión a Caracas? Entonces me dijo: dentro de una semana, después de siete días. Hasta entonces; que tenga usted un buen día.

Me di la vuelta y le vi la cara a Ana, y ella comenzó a llorar y me preguntó y ¿Qué vamos a hacer ahora? Yo pensé, no tengo ni un solo dólar en el bolsillo, pues le di todo lo que tenía a Pedro, y ahora no tengo idea de que es lo que vamos a hacer.

Así que hice lo que siempre hago cuando no se que hacer, y le pregunté al Señor: Padre, ¿qué hacemos ahora? Ayúdanos…

Nos sentamos en un banco del aeropuerto que daba hacia una ventana que dejaba hacia afuera, miré hacia el cielo, y me dije… Alejandro, deja de pensar y dale un chance al Señor de decirte que es lo que debes hacer ahora. Ana solo lloraba sentada a mi lado. Traté lo mejo que pude de quedarme quieto y prestar atención a lo que me viniera del corazón a la mente, y de pronto pensé: ¿será que todavía tengo conmigo el número del pastor del Ejercito de Salvación? Busqué en mi bolso, y de pronto me encontré una tarjeta donde lo había anotado y me dirigí a un teléfono público que había en el aeropuerto y lo llamé. El respondió y yo le conté lo que me había pasado, le dije que estábamos sentados en el aeropuerto sin saber que hacer, él hizo una pausa de un par de minutos y me dijo: Espérenme allí, voy a buscarles en una hora aproximadamente, estoy pensando a ver que puedo hacer por ustedes. Así que le esperamos, cuando llegó nos llevo a su vehículo que estaba estacionado cerca del aeropuerto, para mi sorpresa me di cuenta de que el carro no tenía el vidrio de enfrente. Nos sentamos en el carro y empezamos la trayectoria hacia la Habana, el me contó que hacia ya par de días, donde iba en la carretera detrás de un camión, cuando de pronto una piedra que salió volando golpeó el vidrio del carro y lo rompió en pedacitos, y por eso no teníamos vidrio delantero. Estaba lloviznando y entre las pequeñas gotas de agua y el viento nos golpeaban la cara, y teníamos que taparnos el rostro, el pastor me dijo que no habían vidrios de repuesto para su carro en la Habana, y que ya los habían mandado a pedir en una distribuidora de vehículos pero que tendría que esperar por lo menos un mes. Alabamos a Dios juntos, y me dijo: Tengo una tía, la cual enloqueció hace dos años, y ella tiene un apartamento que ha quedado abandonado, ya que ella fue llevada a un sanatorio. Mi papá tenía guardada la llave de su apartamento y pasé por su casa antes de venir a buscarles, me dio un pequeño llavero y me dijo aquí está. Como podrán imaginar, no sé en que estado se encuentra pero pronto llegaremos. Llegamos a la Habana Vieja, y allí entramos en un edificio que lucía algo devastado, al igual que todos los otros edificios de la Habana Vieja, subimos hasta un tercer piso… y caminamos hasta el apartamento, abrimos la puerta y al entrar nos dimos cuenta que todo estaba cubierto totalmente de polvo, ya que ya tenía par de años abandonado, y el pastor, me dijo: bueno, ya tengo que irme, pero voy a pasar esta tarde para ver que puedo hacer en cuanto a su alimentación, ya veremos como nos ayuda Dios.

Así que allí estábamos, una sala comedor y cocina de unos 30 metros cuadrados, cuya habitación quedaba hacia la parte de atrás del apartamento y estaba oscuro, pues no tenía ventana, el baño quedaba aún más escondido atrás de la habitación, y estaba totalmente oscuro. El apartamento estaba amueblado, y habían por lo menos una docena de muñecas, las cuales todas tenían rostros algo malignos, así que lo primero que hice fue quitar todas las muñecas, y las metí todas dentro de la nevera, la cual estaba vacía. Tampoco había agua, ni electricidad, así que salí del apartamento y golpeé la puerta del apartamento vecino al nuestro, en busca de ayuda. Inmediatamente una perrita empezó a ladrar como una loca, y después de un par de minutos, una señora entreabrió la puerta de su apartamento y después de vernos, salió al pasillo y nos escuchó. Yo le dije que seríamos sus vecinos por una semana, y le pregunté si podría ayudarnos con un poco de agua. Ella asintió, nos invitó a entrar en su apartamento y abrió la puerta de su baño, donde pude ver que tenía cantidad de peroles, pailas, y su bañera llenas de agua, y tomó un balde de agua y me dijo, aquí tiene. Me explicó que como el agua llegaba por dos horas un día si y el otro no, cuando llegaba, había que guardarla como se pudiera para así siempre tener agua. Así que volvimos al apartamento y gracias a Dios, la electricidad llegó y pudimos ver dentro de la habitación. No voy a explicar como lo hicimos, pero con ese balde de agua pudimos limpiar todo el apartamento. En la habitación, tomamos cuidadosamente el cobertor que estaba sobre la cama por los cuatro costados, y lo doblamos cuidadosamente ya que tenía un poco más de un centímetro de polvo encima, y lo introducimos en el armario y cerramos la puerta. Pero al terminar la limpieza, estábamos sudando, ya que todavía estábamos en verano y hacía mucho calor. Pues batí la puerta de la vecina nuevamente y le agradecí encarecidamente por el balde de agua, pero le pregunté si sería tan amable de darnos un segundo balde, ya que queríamos lavarnos, y ella nos dio un segundo balde de agua, con el cual Ana y yo logramos tomar un baño cada uno, mitad del balde para cada uno.

El pastor nos vino a ver esa tarde y nos dijo: Tengo un amigo que trabaja como gerente del restaurante del “Hotel Inglaterra”, le conté lo que les había sucedido, y después de pensarlo un poco, él me dijo que ustedes pueden pasar tres veces al día por el hotel, dirigirse al restaurante, y hablar solamente con él, y el los sentará en una de las mesas y les proveerá con desayuno, almuerzo y cena, diariamente, el único detalle que nos pide es solamente que no hablemos con ningún otro mesonero, si alguno se nos acerca y nos pregunta algo, solo díganle que yo les estoy atendiendo personalmente.

Así que alabamos a Dios con todo el corazón y ese mismo atardecer fuimos al Hotel Inglaterra, el cual quedaba relativamente cerca de donde estábamos. Como todo el mundo que nos veía sabía que eramos turistas, pues podíamos entrar tranquilamente al hotel, ya que los cubanos no pueden entrar en hoteles para turistas. El restaurante era muy elegante, y la comida era excelente, así que esa semana comimos como reyes, sin tener que hacer compras, cocinar ni lavar platos. ¡Aleluya! Dios se las sabe todas.

Después de comer esa misma noche fuimos donde nuestra vecina, toqué su puerta, esta vez llevaba mi guitarra en la mano y le pregunté si podíamos pasar, ella quedo muy inspirada nos hizo entrar y sentar en la sala, y conocimos allí a su hijo, el cual tenía 18 años, y su novia que estaba de visita. Comencé a tocar y cantar mis canciones sobre el amor de Dios, y el joven comenzó a hacerme todo tipo de preguntas sobre Dios. El nunca había tenido un Biblia en las manos y la única Biblia que había visto estaba en una iglesia católica donde les habían llevado de excursión a su grupo de estudiantes. Lo único que sabía de Dios, lo había escuchado de los profesores ateos del colegio, y creía en “la evolución”. Así que esa noche con la inspiración del Espíritu Santo, tanto la señora, como su novia y Andrés que así se llama el joven, abrieron la puerta de sus corazones al Señor Jesús y nacieron de nuevo esa noche. ¡Aleluya!

Los próximos días aprendimos a guardar agua en los recipientes que encontramos las dos horas que llegaba el agua, y el resto del tiempo, Andrés comenzó a traer a sus amigos uno por uno al apartamento de su mamá, para que los conociésemos, y empezamos a enseñarles la Biblia, esa misma semana se comenzó a formar una pequeña congregación, de unos 8 nuevos creyentes. Durante el día visitamos algunos de los amigos de la mamá de Andrés en otros de los apartamentos del edificio, y no solo hablábamos sobre el amor de Dios, sino que aproveché de orar por todos los que estaban enfermos también. Así la fue el comienzo de nuestra pequeña comunidad allá en Cuba. Después de esos 7 días cuando tomamos el avión de regreso a Venezuela, entendí porque el Señor nos hizo perder el vuelo aquella semana pasada, y solo podía llorar de la alegría que sentía de poder haber compartido del Señor con tanta gente hermosa…

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Luc 6:38  Dad, y os será dado; medida buena, apretada, remecida y rebosante, vaciarán en vuestro regazo. Porque con la medida con que midáis, se os volverá a medir. Estaremos eternamente agradecidos... ❤️🙏🏻

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